Pues sí, tras un largo periodo de diarios de papel escritos con bolígrafo, retomo la frialdad estética de un blog (que intuyo será tan solitario, intimista y egomaníaco como el diario precedente). En fin, servirá al mismo propósito: dar cuenta de chorradas, desencantos, buenos tiempos y alguna que otra anécdota.
Ayer me quede en la universidad prácticamente todo el día con la inocente idea de terminar un trabajo. Inocente, claro, porque ni remotamente la lleve a cabo. Supongo que hay cosas que no cambian. De modo que me quede toda la tarde tomando al sol mientras un par de compañeros me ponían al día del turbio ambiente que impera en clase. Muy, muy turbio. Aún sigo flipando, maldita sea. Pues sí, a veces ser quien soy -más o menos distante- es la opción más fácil.
Gente mezquina, versiones opuestas, defensores y detractores, rencores, aspirantes a filósofos... Maldita sea todo, joder. La dinámica se escapa de mi plácida existencia social. Lo juro.
Me despido con una cita de Julio Cortazar que resume la quintaesencia del estado en el que llevo, ufff, 20 años ya:
"“Nada más riguroso que un juego; los niños respetan las leyes del barrilete o las esquinitas con un ahínco que no ponen en las de la gramática”.
Yo solo quiero jugar, ser impresionable, no perder el entusiasmo ni el amateurismo y conservar un poco de intuitivo misticismo.
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